Acto de Confianza en el Corazón de Jesús
Oh, Corazón de Jesús, Dios y hombre verdadero, refugio
de los pecadores y esperanza de los que en Ti confín, tú nos dices
amablemente: « Venid a mí», y nos repites las palabras que dijiste al paralítico:
«Confía, hijo mío, tus pecados te son perdonados»; y a la mujer enferma: «Confía,
hija; tu fe te ha salvado»; y a los apóstoles: «¡Animo!: Soy Yo; no temáis
..»
Animado con estas palabras tuyas, acudo a ti con el corazón
lleno de confianza para decirte, sinceramente, y desde lo más íntimo de mi
alma: ¡Corazón de Jesús, en Ti confío!
En mis alegrías y tristezas,
¡Corazón de Jesús, en ti confío!
(Se repite después de cada petición...
En mis negocios y empresas,
En las necesidades y problemas de mi familia,
En las tentaciones de¡ demonio,
En las instigaciones de mis propias pasiones,
En las persecuciones de mis enemigos,
En las adversidades y calumnias,
En mis enfermedades y dolores,
En mis fallos y pecados,
En la salvación de mi alma,
Siempre y en toda ocasión,
En vida y en muerte,
En el tiempo y la eternidad,
Acto de Confianza inspirado en una plegaria de
San Claudio La Colombière
Señor, yo estoy totalmente convencido de que tú cuidas
a los que esperan en Ti. A los que lo aguardamos todo de Ti no nos faltará nada
realmente necesario. Sólo logran vivir libres de preocupaciones y ansiedades
los que se abandonan totalmente en tus manos. Eso es lo que expresaba el
salmista: «Me acuesto en paz y enseguida descanso, porque Tú, Señor, eres
quien me da seguridad» (Sal 4,9).
Aunque me arrebaten los bienes materiales o la honra;
aunque las enfermedades me priven de las fuerzas y capacidad de servirte; o yo
mismo te falle pecando; no voy a perder la confianza en Ti, Señor. Todos los
demonios del infierno no podrán quitármela.
Muchos confían que van a ser felices porque tienen mucho
dinero o talento. Otros se sienten seguros porque saben que son buenos y
caritativos, hacen oración y también penitencia. Pero yo sólo me siento
confiado, «porque Tú, Señor, eres quien me cuidas».
Sé que no me equivoco al confiar así. Tú no abandonas
al que confía de veras en ti. Por eso sé que me salvaré, porque de Ti, Dios mío,
es de quien lo espero: «A ti, Señor, me acojo; no quede yo defraudado; ponme a
salvo por tu fidelidad» (Sal 31, 2).
Sé de sobra que soy frágil y mudable. Sé que otros
mejores que yo han caído. He visto caer estrellas del firmamento. Pero no voy a
acobardarme, porque mientras yo lo espere todo de ti estaré a salvo. Y estoy
seguro de que esperaré siempre, porque esta esperanza inquebrantable, también
la espero ...
En fin, que si de algo estoy seguro, es de que nunca será
demasiado lo que yo espere de ti. Y nunca tendré menos de lo que espere. Por
eso te digo, Señor, que yo espero firmemente que tú me mantendrás sereno ante
los peligros y me defenderás de quienes me atacarán cruelmente. Mi debilidad
no será un obstáculo para que Tú triunfes.
Yo sé y confío que Tú siempre me amarás. Y yo te amaré
a ti sin reservas algunas. Y para llegar de un solo vuelo con la esperanza hasta
donde puede llegarse, mi esperanza reclama confiada tu amor, el más fiel de
todos. Sí, yo te espero a ti, Señor, y todo de ti, Creador mío, ahora y para
siempre. Amén.