NORMAS
DE NUESTRO MOVIMIENTO APOSTÓLICO,
PROPUESTAS
PARA HONRAR AL CORAZÓN DE JESÚS
Quien se sienta identificado con la causa del Sagrado Corazón pueden
encuadrarse en este movimiento. Para pertenecer a él, no se precisa pagar una
cuota fija ni se contraen más obligaciones que las que conlleva la consagración
al Sagrado Corazón.
Este Apostolado tiene como finalidad honrar, dar culto y gloria a Nuestro
Señor, a través de su Sagrado Corazón, en las diversas formas de propagación:
propaganda, correspondencia, charlas, cenáculos[1],
otros tipos de oración, catequesis, etcétera.
El movimiento proporciona a sus miembros, sin más ánimo que el de dar más
gloria al Sacratísimo Corazón, herramientas metodológicas y material de
apostolado, que a nivel individual sería algo difícil de conseguir.
Las personas que emplean material de propaganda del Sagrado Corazón para
repartir son propagadoras y se benefician de la promesa hecha de Nuestro Señor
a las mismas:
“Las personas que propaguen esta devoción recibirán por ello
grandes recompensas y tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será
borrado de Él”.
Existen algunas recomendaciones que siguen los componentes del Movimiento, y cuyo objetivo es aumentar la santidad de los miembros y la eficacia del apostolado, para mayor gloria del Sagrado Corazón de Jesús.
Es bueno que todos los que seguimos una misma espiritualidad (la del
Sagrado Corazón) tengamos unas normas mínimas, que sean como hilos conductores
que nos lleven hasta Él y aumenten nuestra eficacia apostólica en lo humano.
1º Ante todo se debe procurar la gloria y el reinado del Sagrado Corazón
de Jesús. No actuar por razones humanas.
2º Los primeros que debemos formarnos somos nosotros (leer todo lo que
podamos sobre el Sagrado Corazón). Si nosotros no seguimos la espiritualidad
del Sagrado Corazón y no tenemos una vida ejemplar, difícilmente podremos ser
buenos apóstoles. Después seguiremos el apostolado para los que tenemos más
cercanos: mujer, hijos, hermanos, demás familiares, y amigos. Así, como las
ondas que se propagan tras arrojar una piedra a un lago, nuestro apostolado irá
creciendo.
3º Sin oración nada podemos. Antes de empezar cualquier tarea apostólica,
debemos encomendarla a Jesucristo. Él se pasaba noches enteras orando. Debemos
tener vida de oración y elevar muchas jaculatorias al Sagrado Corazón. En
primer lugar, oración; en segundo lugar, oración; y en tercer lugar, oración.
No olvidemos que podemos ofrecer todas nuestras buenas obras – incluso las más
sencillas o que parezcan indiferentes (pasear, comer, hablar con un
amigo...) – al Corazón de Jesús.
4º Nuestro apostolado no hace acepción de personas; todos pueden
lucrarse de sus frutos. Debemos creer en la fuerza del Espíritu. Lo que para el
hombre es imposible, para Dios no lo es.
5º El apostolado se hará normalmente en pequeñas dosis. No conviene
atosigar por exceso de ímpetu apostólico a nadie. El Espíritu Santo irá
haciendo su labor.
6º Tener perseverancia. Dios actúa con tiempo divino, y en el ámbito
humano a veces se nos hace muy larga la espera. No debemos suponer que con el
primer folleto se logre la conversión o reconversión de la persona. Aunque
podría ocurrir, no será lo habitual. Debemos perseverar en la oración y en la
acción. En todo caso, en el curso normal de la Historia, Dios inserta sus
intervenciones especiales, orientadas a nuestra salvación; estos tiempos
especiales, que tantas veces determinan una conversión, son “los momentos de
Dios” (kairoi) [2].
7º Respetar siempre las creencias de los demás hermanos. Aunque esta máxima
no nos exime de nuestra obligación apostólica, no debemos actuar imponiendo a
toda costa nuestro criterio; esto iría en contra de la eficacia de nuestro
apostolado y del respeto que debemos a quienes tienen diferentes puntos de
vista. Tener, además, siempre en cuenta que existen otras devociones que también
son santas y agradables a Dios. Cada persona escoge la causa con la que mejor se
identifica y puede dar más de sí.
8º En nuestro Movimiento la experiencia nos ha demostrado que no
conviene suministrar propaganda de otros santos o devociones; al ofrecerla, tal
vez podríamos malograr nuestros esfuerzos y confundir a los hermanos. Debemos
centrar todos nuestros esfuerzos en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús,
que es el camino que hemos escogido para hacer apostolado. Sólo hacemos la
excepción de la devoción a la Santísima Virgen, a la que en su Inmaculado
Corazón honramos de una manera especial. Téngase en cuenta que la devoción a
las Santísima Virgen jamás aparta de Jesús; al contrario, nos acerca más y más
a Él. Su Santísima Madre nos dice: “Haced lo que Él os diga”, como en las
bodas de Caná, y siempre nos ayuda a encontrarlo y a unirnos con Él.
9º No pedir dinero – ni directa ni indirectamente – por el material
que repartimos ni por lo que hagamos; ello es una gran falta que podría ser
motivo de exclusión del movimiento. Sí se acepta, sin embargo, la generosidad
de quien mediante sus donativos quiera contribuir a la causa del Corazón de Jesús.
Tales donativos serán empleados exclusivamente para obras que procuren su
Gloria.
El objeto de esta “Cadena Apostólica” es impregnar al mundo del
Sagrado Corazón de Jesús, llevarlo a todas partes, incluidos aquellos pueblos
perdidos en la sierra, la cárcel, los hospitales, residencias de ancianos, etcétera.
¿Cómo
se ingresa en el Movimiento?
Es muy fácil. Para ser Apóstol del Corazón de Jesús basta con que
realices la consagración personal a éste Corazón Divino y la renueves
diariamente, y que hagas la propaganda que puedas según tus fuerzas y
capacidad. Si haces esto, ya eres su Apóstol.
Si, además, piensas que sería bueno para darle más eficacia a tu labor
de Apóstol pertenecer al Movimiento, es necesario que sigas las recomendaciones
que hemos dado anteriormente y que estés en contacto con la sede del
Apostolado. Para ello no tendrás más que remitirnos una serie de datos
personales mínimos por correo tradicional o bien, por otros medios de transmisión
tales como el correo electrónico, fax...
Tienes libertad de hacer tu apostolado como quieras. El objetivo al crear
el Movimiento es dar un cauce de ayuda a quienes lo deseen. No queremos
coaccionar a ningún alma; sólo queremos la gloria del Corazón de Jesús.
Todo católico, sea cual fuera su estado, condición, vocación o
circunstancias de vida (enfermos, ancianos, niños, presos, etcétera), puede
pertenecer a éste Apostolado y ser eslabón. Incluso aquellas personas que ya
pertenecen a otros grupos o asociaciones o son religiosas, sacerdotes, etcétera.
Recomendamos que los miembros del Movimiento cumplan con las siguientes
normas de piedad:
·
Que, al levantarse, el primer pensamiento sea para los Sagrados
Corazones de Jesús y María y se haga el ofrecimiento de ese día que empieza.
·
Repetir durante el día breves jaculatorias, en el descanso o en las
pausas que hallamos en nuestras ocupaciones, como las siguientes: “Sagrado
Corazón de Jesús, en vos confío” (ésta especialmente en los momentos difíciles),
“Que reines” o “Venga a nosotros tu Reino” (por ejemplo, como
ofrecimiento cuando sufrimos o hacemos alguna obra buena); “Corazón de Jesús,
en tus manos pongo esta empresa, este asunto, este proyecto, etcétera”,
“Jesús y María: tenedme y mantenedme en las profundidades de vuestros
Corazones”, “Sagrado Corazón de Jesús: yo cuidaré de tu honra y de tus
cosas y Tú cuidas de mí y de las mías”, etcétera.
·
Honrar la imagen del Sagrado Corazón en el propio hogar a través de
una estampa, una estatuilla, un cuadro, etcétera, entronizándola en lugar
preferente. Como dijo el mismo Corazón de Jesús: “Bendeciré las casas donde
mi imagen sea expuesta y honrada”.
·
Vivir la Eucaristía, que debe ser el centro de la vida de las personas
que integran este apostolado, asistiendo a Misa siempre que nuestras
obligaciones nos lo permitan.
·
Una práctica que agrada mucho a los Sagrado Corazones es el rezo del
Santo Rosario siempre que se pueda y nuestra generosidad nos incline a ello.
Otra hermosa oración son cinco padrenuestros para honrar las cinco llagas del
Señor.
·
Practicar la misericordia incondicionalmente, sobre todo con aquellas
almas que más lo necesitan: enfermos, marginados, presos, familias deshechas o
en peligro de ruptura.
·
Buscar un hueco en el día para consagrarse a este Divino Corazón,
aunque sólo sea mediante una fórmula sencilla como la siguiente: “Sacratísimo
Corazón de Jesús: me consagro a Ti totalmente por medio del Inmaculado Corazón
de María”.
·
Rezar a menudo por todos los miembros del Movimiento y por su expansión.
Se puede hacer con rezos más o menos largos o con jaculatorias cortas: “Por
la expansión y santidad del Movimiento”, “Por todos los miembros del
Movimiento”, etc. Estas jaculatorias se las dirigiremos, preferiblemente, al
Sagrado Corazón de Jesús.
·
Vivir de forma especial todos los viernes del año y sobre todo los
primeros viernes de mes. Es importantísimo que conozcamos las palabras que el
propio Cristo dirigió a Santa Margarita precisamente ese día de la semana en
1974: “Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor
omnipotente concederá a todos los que comulguen nueve primeros viernes de
mes seguidos, la gracia de la perseverancia final. No morirán en mi
desgracia ni sin recibir los Santos Sacramentos”[3]
¡Acojámonos, pues, con la más recta intención a esta extraordinaria promesa!
Se puede ayunar o guardar la abstinencia de carne, rezar el rosario, el vía
crucis u otras oraciones.
·
Rezar por las intenciones del Papa y por la santidad y la unidad de las
Iglesias.
El cumplimiento de todas estas normas de piedad es un objetivo, no una obligación. No es ni siquiera pecado venial si no se cumplen. Podemos realizarlas todas, o las que podamos, aunque, si las cumplimos, veremos cómo nuestra vida espiritual y nuestro apostolado crecen.
Estas
normas son como la savia de la que se nutre el movimiento. Cuando los miembros
del movimiento rezamos, estemos donde estemos, nos unimos todos cada vez más
como hermanos formando esa gran cadena de amor que pretende este Apostolado.
El Apostolado tiene una estructura de cadena; de ahí su nombre de eslabones.
Cada persona que pertenezca a este movimiento puede hacernos toda clase
de consultas y sugerencias, a las que contestaremos muy gustosamente dentro de
nuestras posibilidades.
Nota:
Se les informará de las actividades que realice el Movimiento, así como de las
campañas de reparación o especiales que se realicen.
[1] Un cenáculo es una reunión para orar, donde se da la consagración, el pacto y, por ejemplo, el rosario. Es necesario que no falte nunca el acto de confianza, expresado muy bien por la fórmula: “Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”.
[2] Cfr. Juan Pablo II: Creo en la vida eterna. Catequesis sobre el Credo (VI). Libros Palabra. Madrid, 2000, p. 42.
[3] Se presupone que los Santos Sacramentos los recibiremos con toda seguridad al menos si los necesitamos para recuperar la gracia.